28 feb. 2010

Dinko Pavlov

LOS ÁNGELES NO TIENEN SEXO,


PERO... YO SÍ



DINKO PAVLOV















I




Cuando todo en calma,
oscuros rincones
familiares al tacto
acogiendo al espíritu,
te apareces sigilosa tras mi sombra
entibiando el ambiente,
mirada y sonrisa a flor de ti
iluminan esta memoria mía
y consigo paz para otro atardecer
en esta Patagonia de helado aliento,
de pronto tan hostil,
pero... tan nuestra.




















II




No es sencilla esta ausencia
entre gente que cree superficialidades,
curada de espanto
y agotados sus asombros,
incapaces de medir los vacíos
de la orfandad que te intuyo,
gota intermitente igual cala la roca
y surca profundo
con la paciencia de años,
te habita silenciosa,
como cae la nieve
en la oscuridad
al otro lado de tu puerta.




















III




Desnudándome voy,
emprendiendo vuelo con los caiquenes,
ellos a tierras cálidas,
yo tras tus ángulos y rincones
a cosechar versos,
a tatuar algo de merecida felicidad
en cada milímetro de piel.
Por el eco que resuena
en tus palabras,
tu lenguaje se vuelve sol
en mi Patagonia.




















IV




Ni respirar puedo pausado,
los nudos no dan tregua
bajo el estómago;
me asustan mis arrebatos verbales,
mi atrevimiento,
pero, ni un paso atrás,
te daré candela a como de lugar,
moriré en mi ley,
en la gloria de montar
y recorrer tu campo
a galope tendido,
sin mirar adonde,
hasta alcanzar
honorable reposo del guerrero.
















V




En este frío confín
tu imagen se convierte en estío,
la certeza de una pronta cercanía
inunda rincones,
fabrica puentes para saltar charcos
y otras locuras
a las que mi condición de bardo
recurre con frecuencia,
cuando tu eterna seducción
se hace presente,
imperiosa,
arrebatando lo que hay
ante mis sentidos
y la dejo hacer conmigo
lo que repetiré para ti,
luego.

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