9 mar. 2010

CACERÍA DE MONJAS


Zan Cihuatl


Me gusta cazar monjas
e imaginármelas desnudas.
¿Serán tan puras como sus hábitos denotan?

En escuela de hermanas
refugié mis instintos sexuales reprimidos.
Censuré mi cuerpo al contacto del hombre
y fue por una mujer que resulté violada.

Uno se refugia donde no debe refugiarse…
Se cobija con sábanas de tela
y se limpia el trasero con papel pintado.
Se pone a pensar en monjas desnudas
porque sigue deseando el sexo
después de rezar todo un rosario.

¿Serán tan castas las monjas
para no pensar en el miembro de un hombre
comulgando con sus cuerpos?

Prefiero hablar con libertad del sexo,
a reprimir el deseo en cada cuenta de un rosario.

Me quedo con el gozo
del que no se habla en los misterios gozosos.
Sigo cazando monjas,
mientras no ponga el blanco
en un hombre con la misma lujuria que la mía.

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